La chispa en la memoria es un
relámpago que empapa el cristal del desconsuelo, enciende fronteras sitiadas
desde antaño. Los países que conocemos son zonas dibujadas en mapas
equivocados, donde aprendimos rutas de otros; vientos silbantes nos adentran en
la caverna de los días pasados.
En la distancia, los nombres
pronunciados por costumbre nos dan vértigo, y desaprendemos de a pocos con la
edad, mientras la noche contagiosa de los ciegos avanza sin que puedan mirarse.
Rectificar es quedarse cuando el
ruido ensordece: volver al paso, pisar la huella torcida… Y escuchar, por fin,
la voz que pudo cambiar su identidad:
“No se siente miedo al reconocerse,
sino a lo que está por llegar.”
Laura Mir

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