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lunes, 29 de junio de 2015

Un nuevo comienzo - Aurea Martí



— Ya puedes abrir los ojos – dijo Verónica.

Silvia se contempló en el espejo que colgaba  tras la puerta de su dormitorio. Estaba preciosa. Sus amigos habían hecho un excelente trabajo. El maquillaje había quedado natural y discreto. Su cabello estaba recogido en un moño italiano que estilizaba su bonito cuello, y sus manos lucían una elegante manicura francesa. 

Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos.

— No llores, cariño, te vas a estropear el maquillaje — dijo Pablo.

— Es que es todo tan perfecto. Estoy tan tan tan…— tartamudeó Silvia.

— Increíble, estás increíble querida – le atajó Natalia.

— Sí, jamás pensé que algún día me vería así de guapa. Gracias chicos. Y este vestido es precioso. No me puedo creer que al final consiguierais que el gran Francelo aceptara encargarse del diseño.

— Para ti lo mejor, preciosa —  dijo Pablo guiñándole un ojo.

— Además te vas a convertir en la señora de Valverde. Eres la envidia de media ciudad — añadió Karina —.Tienes que estar espectacular.

— Sí, es cierto. He tenido mucha suerte. Luis es perfecto. Me trata de maravilla y quiere mucho a Claudia.  

— Qué envidia me das, cariño. Ya quisiera yo uno así para mí. Vas a vivir como una reina. Espero que a partir de ahora que te va a sobrar el dinero, seas un poco más espléndida con tus amigos—. Dijo Pablo guiñando el ojo de nuevo.

— Chicos, ya sabéis que no me importa su dinero. He trabajado toda la vida para sacar a Claudia adelante y no me importaría seguir haciéndolo.

— No te importaría, pero ya no tendrás que hacerlo— replicó Karina sarcásticamente.

— No. Ya hablé con mi encargado en el Petit Moulin Rouge. El martes fue mi última noche.  Hicieron un espectáculo especial como despedida y les prometí que iría a verles de vez en cuando.

— Dudo mucho que vuelvas a pisar ese lugar. No es más que un tugurio. No sé ni cómo aceptaste trabajar allí. Una vez casada es mejor que te olvides de ese ambiente — dijo Natalia.

— A la fuerza ahorcan…

Silvia miró hacia el suelo entristecida. Su vida iba a cambiar radicalmente. Sí, era para mejor, lo tenía claro. Pero un cambio tan drástico le daba pavor.

Natalia que se dio cuenta de su repentina congoja le cogió la mano y subiéndole la barbilla con el dedo índice para mirar a sus ojos, le dijo:

— Alegra esa cara mujer. Al final todo ha salido bien. En unos minutos serás la señora de Valverde y todo el sufrimiento que has vivido hasta hora se irá evaporando. Luis no es sólo rico, es un buen hombre que cuidará bien de ti y de Claudia.

— Y pobre como no lo haga, que si me entero yo de que ese señorito os hace sufrir, se las tendrá que ver conmigo —. Amenazó Pablo.

— Sí, tenéis razón. Todo esto es como un sueño. Soy muy feliz.

— Pues claro mujer. Si es que de vez en cuando la vida nos besa en la boca y hay que disfrutarlo— dijo Karina.

— Exacto preciosa, así que ahora respira hondo y ve a por tu Luis, que seguro que ya ha salido hacia la capilla —.  Apremió Pablo.

— Sí, vamos, vamos, que ya es casi la hora—. Añadió Karina preocupada mirando el reloj.

Silvia se echó un último vistazo en el espejo. Sus lágrimas apenas habían estropeado el rímel de los ojos. Seguía estando preciosa. Natalia le estiró la larga cola del vestido, y todos juntos se dirigieron a la puerta del apartamento. Silvia estaba lista para comenzar por fin a vivir.



Aurea Martí


domingo, 24 de mayo de 2015

La resignación de una mujer - Aurea Martí






Apenas cruzó la puerta de cristal Mercedes divisó a su hija: estaba ubicada en una pequeña mesa de mármol próxima a los baños. Como muchas tardes de invierno, madre e hija se habían citado en una cafetería. Era habitual que quedaran para charlar, de hecho tenían un día estipulado para tal actividad, todos los jueves. Sin embargo, esa tarde era martes. Isabel la había llamado al mediodía:

— Mamá, necesito hablar contigo, pero no por teléfono, ha de ser en persona, quedamos a las siete en la cafetería Pelayo.

Llegó nerviosa, cogió una silla y se sentó frente a su hija.

— ¿Me vas a contar de una vez  el motivo por el que me has citado con tanta urgencia? – preguntó Mercedes.

Isabel no contestó, la angustia de su madre era lo que menos le preocupaba, cogió su taza y de un largo sorbo se acabó el café, se pidió otro y mientras lo traían, habló:

— Me voy a divorciar.

— ¿Cómo? ¿De qué estás hablando? Víctor es el hombre perfecto, trabajador, detallista, buen padre…

Isabel la interrumpió:

— Tiene una amante.

— ¿Víctor?— preguntó Mercedes soltando una carcajada —. No digas sandeces.  Él, te adora.

— No mamá, tengo pruebas — Isabel sacó un sobre del bolso y se lo extendió a su madre—. Compruébalo tú misma.

Mercedes abrió el sobre y vio que había unas cuantas fotografías. Las sacó y las observó detenidamente en silencio, las fue colocando boca abajo sobre la mesa y dirigiéndose a Isabel le dijo:

— Hija mía, no le des tanta importancia, seguro que es sólo una aventurilla. Pronto se cansará de ella y todo volverá a ser como antes.

Isabel estaba atónita. No podía creer lo que su madre sugería.

— No mamá, no puedo perdonarle, esto no.

— No seas ingenua, hija. ¿Acaso crees que eres la única mujer cuyo marido tiene una amante? Cuando tu hermana y tú erais unas niñas tu padre también tuvo una aventura.

— ¡No puede ser!

— Sí hija, sí, como lo oyes. Fue con Paquita, la vecina que vivía en el sexto. Estuvieron juntos unos meses, luego ella se mudó y ya no volvieron a verse.

— ¿Y por qué no te divorciaste?

— Pues por vosotras, hija. Por tu hermana Rosita y por ti. No quería que crecierais sin un padre.

— Lo siento mamá, debiste de pasarlo muy mal.

— Pues sí, hija sí.  Pero ya ves, al final todo salió bien. La aventura de tu padre con Paquita hace años que quedó atrás y ahora estamos mejor que nunca. Hazme caso, no le digas nada a tu marido, sigue con tu vida, actúa con normalidad, no le pidas explicaciones y olvídalo. Seguro que pronto esto tan sólo lo recordarás como una pesadilla. Para todos los males hay dos remedios: el tiempo y el silencio. Así que calla y espera, todo pasará.

Isabel se quedó absorta, reflexionando, tal vez su madre tuviera razón. Terminar tan drásticamente con una relación de más diez años era algo demasiado precipitado y los niños...

Revolvía el contenido de la taza casi vacía con resignación, mientras decidía darle otra oportunidad, pero sólo una. Decepcionada, sorbió el último trago y le supo muy amargo, tan amargo como ese momento de su vida.


Aurea Martí



martes, 19 de mayo de 2015

Pienso de su marido - Parte I – Aurea & Nora & Laura




Aquella tarde de sábado, Laura salió de la cocina con la bandeja del café y las pastas, mientras preguntaba con cierta burla a sus amigas, cómo lo querían, de sobras lo sabía porque las conocía bien.

—  A ver chicas… ¿Con cafeína o sin? ¿Solo o con leche? ¿Azúcar o sacarina?


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Pienso de su marido – Parte II – Aurea & Nora & Laura




La noche señalada, las tres amigas se presentaron en casa de Selomerece. El hombre nada más abrir la puerta, recibió una buena dosis de spray de pimienta. Lo empujaron al interior del apartamento. Entre las tres lo redujeron, ataron y amordazaron...


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La rebeldía de Elisa - Aurea Martí




Aquella calurosa tarde de Agosto se celebraba el cumpleaños de la tía Antonia. Cumplía noventa años y estaba fuerte como un roble y de cabeza mejor que una chiquilla. Había sido maestra y todo lo relacionado con el saber le apasionaba...

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miércoles, 29 de abril de 2015

El edén del escritor - Aurea Martí





La vieja casona llevaba años deshabitada. A las pocas semanas de morir doña Remedios, don Fernando, su marido, fue ingresado en una residencia para la tercera edad. Ahora, tras su muerte, la casa junto con la granja que la rodeaba pasaba a ser propiedad de Carlos, su único hijo como heredero universal.

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