viernes, 27 de junio de 2014

Las tribulaciones de Nora



Emprendimos la marcha justo cuando el sol se ponía, dejando un precioso color rojo intenso en el cielo. Una maravillosa y fantástica sensación me recorría por el cuerpo tras el largo y estresante día.

Pasamos el control con las típicas anécdotas que nos son tan características, vaya que somos algo así como los Simpson pero en versión española.

Nos dirigimos a pasar el control y el policía encargado de capitanear el cotarro me dice:

 –Señora, ponga en una bandeja el ordenador, en otra el Ipad, en otra el bolso, en otra el neceser y, así sucesivamente.- ¡Vaya, que necesitaba más bandejas que en una fiesta de palacio! Yo que, para no perder la costumbre, estoy en mi nube particular, pensando en quién sabe qué, pues eso, que no me enteré de nada. El buen hombre repitiendo las instrucciones con la infinita paciencia de un santo; el santo de la paciencia, creo que se llamaba Job o algo así. Y…finalmente viendo la cara de pueblerina distraída que tengo, se da por vencido y, con resignación, me permite pasar.

Llego al arco detector de armas de fuego y otras armas peligrosas, y el siguiente poli me dice:

 –Señora, quítese las botas.

¿Por qué a mí? Me pregunto al ver que a nadie más se lo pide. Quizás, además de la cara quiere comprobar que mis pies son igual de palurdos!

Me saco las botas y, justo en ese instante, ¡Zas! El calcetín emite una explosión que deja mi pulgar izquierdo, enterito al descubierto. Lo miro a los ojos con cara de cordero degollado, bueno, cordero no, cordera, Y exclamo un:

–¡Oh!- Que sale de lo más profundo de mí. Él sonríe y exclama.

–No pasa nada, adelante.- Yo suelto un ¡Uff! De hondo alivio y le doy las gracias.

Nos sentamos en la puerta de embarque y, a los cinco minutos, la voz estridente de la señora esa que tienen sólo para dar malas noticias a los viajeros anuncia:

–Señores pasajeros les informamos que, el vuelo con destino a (…) tendrá un retraso en su salida de treinta minutos.

Y, ahí estás tú, evaluando la situación que ha podido provocar este retraso.

 –¿Será algún problema del chisme volador?¿El cacharro soportará la altura y aguantará el trayecto?- Mejor saco el libro y me enfrasco en mi lectura, no sea que piense cosas raras y salga huyendo como alma que lleva el diablo. Y es entonces, cuando estoy sumida en el mundo de la historia de turno…  otra vez la señora del megáfono dice:

–Señores pasajeros les informamos que, ta,ta,ta.- ¡Nada, que tenemos que coger los bártulos y cambiar de puerta de embarque!¡Será posible, no sólo me saca de mi historia sino que me hace ir de excursión por todo el aeropuerto!

Al fin lo conseguimos, nos acomodamos en los asientos. Lo de acomodarnos es un decir, no se podían reclinar, tenían restos de desechos de los anteriores acomodados y un cierto perfume a humanidad que embriagaba.

El piloto nos informa de que su nombre es Román Sánchez y que el trayecto será de dos horas diez minutos. Te relajas, llamándose Román es seguro que cumplirá lo que dice y en dos horas diez minutos nos dejará en el destino sanos y salvos.

Y vuelta a la señora:

–Señores pasajeros les informamos de que está terminantemente prohibido fumar a bordo - ¡Y tú, que ya llevas dos horas mentalizada de la prohibición y ya no recordabas haber fumado en tu vida, sientes un deseo irrefrenable de encender un cigarrito e introducirte por el sistema que trae hasta ti la voz de la ya no tan desconocida, y cerrarle la boca de una vez!

Entre cabezadas y más cabezadas llegamos a destino, este nos recibe con un frío del carajo y una lluvia pertinaz, por supuesto no llevas paraguas y te pasean a la intemperie por toda la pista, para dejarte más remojada que una sopa de letras.

–¿Para qué habré ido a la peluquería? A perder el tiempo.- Me pregunto y me respondo en una especie de diálogo interior.

Salimos de allí y a coger un bus hasta la zona de alquiler de vehículos sita en Cerro Muriano.

Exhausta acabo de tomar la decisión de que, ¡al próximo viaje me voy caminando!

Nora Biel






miércoles, 25 de junio de 2014

Carta a Brasil




Querida  Laura


Te escribo esta carta para contarte una cosa que se me ha ocurrido. Sabes que el tiempo no frena y que, de tanto en tanto, la vida nos da la oportunidad de elegir un camino distinto a seguir. Además, estoy harto de ver pasar los días tan amargos que nos ofrece ahora este país de mierda. Perdona mi lenguaje, pero esa palabra sigue apareciendo en la Real Academia de la Lengua Española y, más pronto que tarde, me imagino que será adornada con ribeteadas letras doradas, de tanto que la gente necesita usarla.

Verás, hace cosa de tres años compré una caldera a plazos, la cual ya empieza a parecerse más a mi viejo frigorífico. Cómo soy buen pagador, al cabo de un tiempo recibí una carta de la financiera en la que me ofrecían un crédito de 1000 euros para lo que quisiera. No les hice caso, claro, puesto que considero que nadie da duros por pesetas y menos como está el país, pero, sorpresa para mí, al cabo de unos meses recibo otra carta donde el crédito se había duplicado hasta los 2000.

Irremediablemente, me volví a acordar de mi friolera caldera, pero tampoco les hice mucho caso en esta ocasión. Nuevas cartas no han parado de llegar en estos últimos meses. Estoy abrumado, y la señorita cartera, la cual no conocía, también.

La última cifra ofrecida es de 4000. Imagina mi cara de asombro, cuando leo a diario en el periódico que el país va de proa contra la costa y esta gente de los bancos ofreciendo un dinero que aumenta y aumenta cada vez que no les contesto. Curiosamente ayer estaba viendo las noticias y hablaban de las fraudulentas indemnizaciones que han cobrado los mismos banqueros que nos han metido en esta crisis. Prefiero no decir lo que pensé de ellos, porque seguro te sonaría a árabe.

Pues bien, hoy he recibido una carta del banco en la que me ofrecen hasta 25000 euros. Ventajas de ser buen pagador claro, después de cuarenta años de duro trabajo. Esto me ha hecho pensar, y hacer números: si en el otro banco, en el que tengo otra cuenta, también me ofreciera 25000, y junto todos los créditos, tendría un buen pellizco. Cincuenta y cuatro mil euros es una buena cantidad de dinero con los tiempos que corren: casi podría comprar la empresa que hace esas calderas tan malas, pero lo he pensado mejor. Si con todo ese dinero me voy a Brasil, podría vivir bien los años que me quedan, pero claro, me sentiría solo.

Así que se me ha ocurrido, ¿por qué no pides tú tus créditos también?, lo juntamos todo, sería un buen pellizco y nos vamos a Brasil a vivir la vida, y esos que nos han metido en la maldita crisis que se jodan y nos busquen.

Piénsalo, y mientras lo piensas ve tomándote una caipiriña que te ayudará a valorar la situación

Laurita, la samba nos espera. Nos vemos en el aeropuerto, pero antes pasaré de visita por los bancos.


Albert y Carlos

*Música: La vida es un Carnaval - Celia Cruz

El beso



¿Qué es un beso?, me preguntas, y no sé qué contestar.
Es algo que bien se siente, pero que se expresa mal.
Es la fusión de dos bocas ávidas de placer
mas cuando el amor es puro no se halla pecado en él.

Tú me preguntas qué es un beso y no te sé responder.
Por eso sólo besándote por fin podrás comprender
que el beso cuando es sincero, embarga todo tu ser.

Por eso ven amor mío que yo a ti te besaré
y en ese beso mi alma, a ti todo entregaré
pues cuando el beso es de amor nada amargo se halla en él
y mis besos te aseguro… son dulces como la miel.


Mati de Tena

La soledad de tu amor



Fue una tarde de otoño.
Mi corazón se moría sintiendo que te perdía.
Qué ironía… si acaso alguna vez te tuve.
Fue un instante, la sospecha me dolía,
y en tus ojos me miré,
mas ya no encontré calor, sino una mirada fría
que como acero afilado el corazón me partía.

Al conocer tu traición quise mis pasos volver,
ya fue tarde para mí y al fin pude comprender,
que por tus ojos veía.

Por amor y sin rubor a tus brazos me entregué,
Mas los besos de tu boca fueron falsos… ahora sé.
Nunca tu amor tuve yo. No me amaste, bien lo sé.
Me culpo yo de este error, más tu pecado ahí está.

Nunca debiste iniciar la tortura, la agonía,
la sinrazón de este amor, que más que amor fue dolor,
queriéndote hasta la muerte, muriendo en vida sabiendo
que tú nunca me amarías.

Y fue aquella tarde sombría en que me miré en tus ojos,
que como la última hoja de aquel otoño tan gris,
mi corazón ya cansado de tanto quererte en vano,
por ti dejó de latir.


Mati de Tena

martes, 24 de junio de 2014

La isla de las tormentas



En mitad de un mar recóndito se halla una isla de escarpados y altos acantilados, donde las furiosas olas golpean con bravura las rocas y las tormentas son frecuentes. Es una pequeña porción de tierra que ni siquiera consta en los mapas. A veces verde y a veces roja, a veces blanca y a veces negra, pero siempre es invariablemente la misma tierra.

En el punto más alto se halla una casa, a veces grande a veces pequeña, a veces parece nueva y a veces vieja, de amplios ventanales, a veces cristalinos y a veces con una película que forma la sal del mar; pero siempre se encuentra sentado en su porche desde donde otea el imprevisible horizonte.

Es un hombre robusto fundado en un jersey de cachemir unos días gris y otros naranja. Observa y piensa, piensa y reflexiona sumergido en su mundo e impregnado por su entorno. A veces exhala y a veces suspira, a veces sonríe y a veces emite un ligero sollozo, pero siempre se siente solo. 

Cuando remueve la cucharilla en el café es cuando toma contacto con la materia, con lo tangible de su vida y por un momento sale de sus pensamientos, pero dura poco, apenas unos breves minutos. Toma conciencia, todas las preguntas de su existencia se concretan y obtiene las anheladas respuestas, pero enseguida cae en el abismo de sus tormentas internas.

Tornados incomprensibles, violentos y convulsos lo rodean, le hacen girar hasta marearlo, pierde el aire, apenas puede respirar, se ahoga, da un paso, dos, tres… se enfrenta a la lluvia.

Deja que la finísima cortina de agua le moje la cara, se despeja aunque está calado, es como si despertase de nuevo en otra tierra siendo la misma tierra, en otro cuerpo siendo el mismo cuerpo, en otra persona siendo la misma persona. Es él, y no otro. Convierte el recuerdo en futuro, aunque sabe que no es real; entonces coge la escasa experiencia que puede en esos momentos de lucidez del pasado para transformarla en la experiencia para conseguir un mejor futuro.

Es cuando se gira y observa todo a su alrededor con mirada diferente, todo ha cambiado. La isla de las tormentas y la soledad que conlleva ya no existe; aunque fija la mirada al horizonte ya no puede divisar el mar, todo tiene el resplandor de las esmeraldas, vivas y relucientes. Es un gran prado con un sendero que lo llevará a un grupo de casas que hay más allá, las divisa, casi puede tocarlas. Camina ligero hacia ellas, el corazón palpita fuerte pero sigue apresurando el paso porque sabe que encontrará a otros que, no siendo conscientes de lo vivido, lo recibirán con los brazos abiertos y podrá emplear un mismo lenguaje.

Atrás dejó su isla, la isla de las tormentas, de escarpados y altos acantilados, de colores oscilantes y tierra yerma, aquella isla que habitó durante muchos años, aquel pedazo de tierra que no consta ni en los mapas.


Laura y Eduardo

domingo, 22 de junio de 2014

Objetivo: Pas de Calais





Las bombas seguían sembrando el suelo de Londres. Yo, al igual que mis compañeras, permanecía bajo la mesa de la oficina, cortinas corridas, luces apagadas siguiendo las directrices del Gobierno Británico. El resplandor de las explosiones lejanas se filtraba esquivando las cortinas corridas, estallidos que se iban colando, mutando la oscuridad por segundos de resplandores, violetas, azules, blancos, vuelta a la oscuridad. Sillas, mesas, que se iban desplazando milímetro a milímetro por un suelo que no cesaba de temblar. Sólo se escuchaba el maullido incesante de las alarmas antiaéreas, las explosiones y los motores de los aviones que sobrevolaban la ciudad.

La puerta del director del MI5, David Petrie, estaba cerrada. Se encontraba reunido con Stewart Menzies, al igual que todos los anteriores directores del MI6 conocido como “C”, y con el agente Garbo. Reunidos, de la Inteligencia Británica, su colega de contraespionaje y el doble agente español. Y son casi cuatro años desde que las bombas atraviesan el cielo gris de Londres, cambiando edificios por escombros.

Ni yo, ni el resto de las secretarias manteníamos un contacto directo con Garbo. Pocas cosas sabemos de él. Que es español y que constantemente viene a entregar o recoger informes. Su escaso pelo castaño oscuro quizá le haga aparentar un poco más edad de la que tiene. Diría que ronda los 35 años, siempre detrás de unas enormes gafas de montura negra y una barba poblada y un tanto desarreglada que le da cierto aspecto de profesor universitario tímido y despistado.

Las bombas habían cesado. Callan los maullidos de las alarmas antiaéreas, el suelo ya no transmite ninguna vibración. Unos segundos, casi imperceptibles de silencio, y desde la calle llega el rumor de los gritos y las sirenas de bomberos y ambulancias.

- Señorita Richardson, pase a mi despacho, necesito que tome apuntes, por favor.- El señor Petrie me había llamado.

Salgo de mi escondite, me sacudo las rodillas de polvo, cojo mi bloc de notas y me dirijo al despacho. Detrás de su mesa se encontraba el señor Petrie, y delante hay tres sillas, dos están ocupadas, la central por el señor Menzies, a su derecha el agente Garbo y la de su izquierda permanece vacía.

- Perdón.- sonó a mi espalda mientras se escucha la puerta abrir.

- No se ande con formalidades y siéntese.- Dice el señor Petrie. Acaba de entrar Tom Harris, el inseparable compañero de Garbo desde que fue reclutado en 1942 por el MI5.

Tomé asiento en un rincón de la oficina y me dispongo a tomar nota de todo lo que allí se diga. Ya se concede permiso para encender las luces, de hecho, las luces de mi oficina ya estaban encendidas. Me siento bajo una lámpara de pie, que junto a la lámpara de escritorio, son las únicas fuentes de luz que hay. El humo de los cigarros flota por la estancia, la luz la traspasa, pero eso no hace que la niebla desaparezca.

- Hoy 10 de Enero de 1944,- comienza a decir el señor Petrie para poner en situación a los asistentes,- a las 19:45,  el agente Garbo, aquí presente, ha solicitado una reunión de urgencia para notificar que desde la Abwehr, el Servicio de Inteligencia Alemán,  han pedido información de la Operación Overlord, es decir, los planes que hemos trazado los Ejércitos Aliados para el desembarco de tropas en la Europa continental. Quieren conocer todos los detalles de los que se puedan disponer. Desde en qué lugar se llevará a cabo, quién será el Comandante Supremo de las fuerzas aliadas, las tropas que se han reclutado, el momento previsto para la acción. Resumiendo, todo.

- Así es.- Confirma el español con el mismo acento que le hace reconocible, al darnos los buenos días, sin la necesidad de que las secretarias levantemos la cabeza.

- Esto puede significar un pequeño contratiempo.-  Dice Stewart Menzies.

- O un punto de apoyo para nuestros planes.- Corrige el director del MI5.

- Explíquese.

Petrie dijo dirigiéndose  a “C”, Menzies.

- Era inevitable que la información llegase a oídos enemigos. Es imposible ocultar el movimiento de tropas que se está desarrollando en nuestro país. Barcos, aviones, tanques, no son invisibles, ni tan siquiera las personas. Estamos muy debilitados para la lucha aérea, lo cual hace que puedan volar constantemente nuestras costas y sacar fotos, y su red de espionaje puede ser tan eficaz como la nuestra.

El señor Petrie hizo una pausa para encenderse un puro, dar un trago al whisky que tenía en su vaso, bajo y ancho, y continuar con la explicación.

- Desde el Gobierno y desde el Alto Mando del ejército americano ya se había tenido en cuenta esa posibilidad. Cuanto más tarde hubiese sido el descubrimiento mejor, como es natural. Pero ahora, señores, les presento la Operación Fortitude.

Abrió su cartera negra, gastada por el uso, y sacó cuatro dosieres idénticos, con las palabras TOP SECRET claramente selladas en la portada. Los repartió entre los compañeros.

Una vez que los asistentes abrieron la primera página, continuó:

- La idea es tan sencilla como difícil de realizar. Sabemos por nuestras fuentes en el Alto Mando Alemán que están convencidos de que la invasión se realizará por Calais, al norte de Francia. Tiene múltiple ventajas. La distancia que separa el Reino Unido de Europa, la proximidad con Paris, en caso de conseguir abrir una brecha dejaríamos el ejército Nazi separado en dos. Pero a su vez tiene un gran inconveniente. Está fuertemente custodiado haciendo inviable un desembarco por aquella costa debido también a la estrechez que presenta la playa. Las bajas aliadas serían de un precio impagable. Por la tanto, la Operación Overlord se realizará en otro lugar, digámoslo así,  aún por decidir. Señor Pujol…

Era la primera vez que escuchaba el nombre del español.

-…usted jugará un papel destacado en la Operación Fortitude.

- Y de qué forma se supone que tengo que jugar ese papel.

- Muy fácil.  Ha sido seleccionado por ser agente de rango A1, es decir, de máxima confianza tanto para nosotros como para los alemanes. Junto a otro número de Agentes de la Corona Británica, también de rango A1,  se encargará de hacer creer que, efectivamente, el desembarco se realizará en el Pas de Calais. Para ello, deberá enviar información sobre el movimiento de tropas aliadas en el sudeste de Inglaterra. Hacer creer de la misma forma, que desde Escocia se prepara una segunda invasión sobre Noruega para inmovilizar en aquel país sus fuerzas. A su vez,  desde el MI6,-se dirige al señor Menzies,- coordinarán un simulacro a gran escala de envíos a través de radiofrecuencia, con miles de coordenadas y datos, para simular el movimiento de un gran número de hombres. Situaremos carros blindados hinchables, camiones de cartón, coches, falsas barracas en el área dónde se supone que estarán las divisiones aliadas, para que sus aviones espía se concentren en fotografiar la zona. Y la jugada maestra caballeros…

Hizo una pausa de unos segundos, para levantar expectación. Todos sus compañeros se inclinaron levemente hacia él, tuve la sensación de que eran niños a punto de oír un secreto.

- El mismísimo General George C. Patton, el terror de los alemanes, se desplazará a la zona. Queremos que piensen que será el Comandante Supremo en la Operación Overlord. Le sacrificamos, sí, pero tiene que ser un gran golpe de efecto. Eisenhower, el americano, ha sido declarado Comandante Supremo de las fuerzas aliadas. No es que estos americanos sean mejores que nosotros, es, simplemente, que aportan un número mayor de fuerzas. Mientras que Patton se pasee por el sureste de este país, nadie en su sano juicio pensará que el desembarco empezará desde Southampton.

•   •   •

- ¿Señorita Richardson?

- ¡Oh! Agente Gar… Señor Pu…

- Juan, puede llamarme simplemente Juan. He creído ver su cabellera pelirroja al entrar al bar y he decidido venir a saludarla.

- Siéntese, por favor.- Ofrecí al agente Garbo.

- Qué hace aquí, sola, a estas horas tan tempranas. Anoche, cuando nos fuimos pudimos oírla trabajar frente a su máquina de escribir. Y como sabe, la reunión no acabó muy temprano.

- Tuve orden de pasar a máquina las notas de la reunión. He pasado el resto de la noche en vela, y para estar dando vueltas en la cama he preferido venir a trabajar.

- Pero tendrá un hogar en que refugiarse, un hogar donde pasar mejores momentos de los que pueda encontrar en la oficina.

Suspiré. Pude ver en sus ojos que el suspiro iniciaba una conversación. Aquellos días vivía terriblemente sola. La guerra estaba instalada en cada hogar de Inglaterra y nadie podía ofrecer consuelo a nadie. Quizá no fuese el mejor momento para tener una conversación, y quizá él no fuese la persona que hubiese querido para tenerla. Pero era el único momento que tuve, era la única persona que había. Tarde o temprano tenía que hablar de ello. Nadie mejor que un desconocido. Dolor que se le descolgará al mismo tiempo que cruce la puerta.

- Mi hogar se ha quedado en la mitad, Juan.- Comencé.- Mi marido Jim ha sido reclutado para formar parte del ejército inglés. Le están entrenando, preparando, para el desembarco de las tropas aliadas en Europa. Tengo miedo. Miedo simplemente de los rumores que se escuchan, de que será una carnicería, que los alemanes tienen demasiado bien protegidas las costas como para sorprenderles. Sé que aún falta mucho, o quizá no tanto, pero ahora las pesadillas son las que duermen en su lado de la cama. Me alisté en el Servicio de Inteligencia porque sabía que son los primeros en recibir la lista de bajas del día anterior. Necesidad de servir a mi patria, sí, pero no quería que nadie viniese a decirme que soy viuda. No quiero que llame a mi puerta un militar con el compromiso de aligerar un dolor que quizá desconoce.

- Y usted, Juan, ¿qué hace en esta tierra, qué hace en una guerra que no es suya?- Pregunté.

- No sé si lo sabrá, pero soy español.- Asentí.- Allí acabamos de pasar la mayor de las atrocidades, una guerra que ha enfrentado a hermanos contra hermanos, un país dividido entre bandos siendo hijos de una misma tierra. Rápidamente se comprende que la guerra no entiende de propietarios. He visto madres con sus hijos, aún niños, muertos en sus brazos. Tengo una imagen clavada, no consigo que salga de mi cabeza. Un niño, de dos o tres años, con una camisa raída, ¿lo he dicho bien, raída?

Dije “sí” con mi mente, pero afirmé con la cabeza.

- Llora desconsolado buscando a sus padres.-Continuó hablando.- La gente pasa por su lado. Parece que es invisible, nadie le ve, nadie le escucha, incluso hay quien llega a golpearle y hacerle caer.  Todo pasa tan cerca de las bombas que caen…

La angustia comenzaba a apoderarse de sus palabras. Se iba notando como se le iba formando un nudo en la garganta.

- Al finalizar la Guerra Civil Española pude haber optado por exiliarme a Francia junto a cientos de compatriotas. Pero realmente no soy enemigo de nadie. Cuando llegó la información de la guerra que estaba ocurriendo en Europa me propuse luchar contra esa barbarie. Quiero que esta guerra sea lo menos atroz posible. He visto lo que el ejército nazi puede hacer. Las miles de formas que pueden utilizar para matar. Y en las Brigadas Internacionales los comunistas hicieron estragos entre los que no dejaban de ser nuestros hermanos.  

Hizo una pausa para pedir un café caliente que reconfortara el frío en aquella mañana de invierno:

- Por lo cual, la mejor opción sería intentar ayudar desde el bando menos equivocado. Tuve reuniones en la Embajada de Inglaterra, en Madrid, con los servicios secretos, pero no me aceptaron. Sin explicaciones. Simplemente, no.  Decidí no darme por vencido. Si el amigo no quería tener contacto conmigo quizá el enemigo me tuviera en consideración.

Tras el primer sorbo, siguió su relato:

- A los pocos días me dirigí a la Embajada de Alemania. Tuve una entrevista con los Servicios Secretos del Abwehr. Simplemente me inventé que me debía desplazar a Inglaterra por motivos de negocios, y que yo era un  fanático nazi, y creí mi obligación llevar el deber nazi a esta tierra. Me aceptaron. Me adiestraron rápidamente, sobre todo en los códigos secretos para pasar información. Allí empezó la más rocambolesca historia que jamás haya escuchado.

Sonreí. Me puse cómoda en la silla, y me dispuse a escucharle, con mis dedos entrelazados rodeando mi taza de té.

- La idea era que yo me desplazase a Londres. Desde allí recorrer toda Gran Bretaña reclutando contactos para el ideario Nazi. Pero no fue eso exactamente lo  que hice. Fui a Lisboa, desde allí comencé a inventar una serie de agentes que supuestamente me pasarían información sobre Gran Bretaña. Evidentemente, no disponía de tales agentes. Pero debía encontrar la información. Lo que hice fue consultar libros y revistas, como la Guía Azul de Inglaterra o la Royal Navy, donde encontraba información como por ejemplo, el movimiento de buques mercantes. Esa información la remitía a Madrid, asegurándoles, una y otra vez, que era valiosísima. Para que creyesen que viajaba, de tanto en tanto iba pasando la lista de gastos, con la lista de precios que sacaba de la guía. Hace poco, Tom Harris, creo que le conoce…

Confirmé que así era.

- Bueno, pues Tom me hizo comprender un error básico que yo ni había planteado. Bien, en un informe remitido, puse que encontré a un escocés embriagado de vino. Tom me repuso, los escoceses no beben vino, sólo cerveza o whisky. Me quedé blanco, pero él no paró de reír. Por suerte, parece que los alemanes no tienen tampoco esa información disponible.

Después de soltar alguna carcajada, siguió contándome su historia.

- Hace un par de años los Servicios Secretos vinieron a buscarme a Lisboa. Me trajeron a Londres, quedando mi hijo y mi mujer embarazada en la capital portuguesa y me estuvieron interrogando durante un par de días. Me preguntaban, una y otra vez,  si yo era el Agente Alaric, del cual habían interceptado informes, la mayoría absurdos, decían. Tuve que responder una y otra vez que sí, que era yo. Les di hasta treinta y ocho informes que había enviado a mi contacto alemán en Madrid. Parece que estuvieron comparándolos con los que habían interceptado. La cuestión es que al final creyeron mi historia. Me adiestraron y me pusieron el nombre clave de Garbo, según parece, por la actriz. Me dijeron que si era tan gran actor para haber montado una mentira tan grande qué mejor nombre que el de la mejor actriz. Me dieron un pequeño despacho, la compañía de Tom y una máquina de escribir, lo cual fue muy duro al principio, ya que no sé mecanografía, y también mi familia aún estaba en Lisboa. Pero bueno, ha mejorado la cosa, mi familia ya está a mi lado, se me da mejor escribir a máquina y hasta me han asignado una ayudante.  Y esa es, señorita Richardson…

- Elisabeth, por favor.- Corregí.

- Y esa es, Elisabeth, mi pequeña historia en esta gran guerra.- Concluyó el relato con la primera sonrisa que pude verle.

Estuvimos hablando. Dos personas, que sin los horrores que provoca la destrucción sin motivo, nunca hubiesen llegado a coincidir.

Al sonar siete campanadas del Big Ben nos pusimos en marcha hacia la sede central del Servicio de Inteligencia Británico, en un edificio bien camuflado de la calle Jermyn.

•   •   •

El despacho del señor Petrie estaba más concurrido esa mañana. Aparte de los presentes en la reunión de la noche anterior, pude contar diez oficiales de alta graduación sentados en el rincón opuesto al mío. Oficiales británicos, americanos, y por la hoja de arce que lucían, canadienses. Los grandes ventanales se encontraban con las cortinas descorridas dejando pasar la triste luz que llegaba del exterior. El Señor “C”, directo del MI6, tomó la palabra:

- La agente Treasure, que se encuentra en Berlín, confirma que los alemanes están convencidos de que la invasión empezará en el Paso de Calais. Están reforzando la zona con el envío del Quinto y Séptimo ejército. La proximidad de las fábricas militares alemanas hace, de ese lugar, otro motivo más para que sea el punto idóneo para el desembarco. Debemos hacer que sigan pensando así. Y debemos hacer que no muevan las fuerzas que tienen desplazadas allí ni las que tienen en Noruega. Para ello seguiremos los planes trazados anteriormente. Además de contar con la inestimable colaboración del agente Garbo, también estamos trabajando para que la farsa penetre a través de las embajadas de los países neutrales. El agente Dusan Popov, con nombre en clave Trycicle, es el encargado de ir propagando esta idea por las embajadas.

Tras una breve pausa se dirigió al Tom.

- Señor Harris, ¿podría explicarnos de qué forma se transmite la información a través del agente Garbo?

- Será un placer. Como sabrán el agente Garbo ha ido trazando una red de espías falsos que supuestamente trabajan para él. Esta falsa red, que actualmente alcanza los veintisiete miembros. Empezó a tejerse desde su estancia en Lisboa. De cada uno de ellos se ha tenido que inventar el nombre, la nacionalidad, su ideología, el odio hacia su patria, o hacia Inglaterra o Estados Unidos si fuese necesario, los problemas sentimentales o económicos. Detallados informes de cada uno de ellos. Cada transmisión debe aportar quién y desde dónde, de qué forma ha conseguido la información. Juan Pujol y yo no podemos errar en estos pequeños detalles. Cualquier pequeño fallo, por insignificante que pareciese, podría levantar sospechas en el Abwehr y perder toda su credibilidad.

Con un pañuelo que llevaba en uno de los bolsillos de la chaqueta, Juan comenzó a limpiarse las gafas. Mientras Tom continuaba hablando.

- Al principio todas las transmisiones se hacía por correo postal. Pero, afortunadamente, el agente Garbo nos hizo entender la importancia de disponer de un operador de radio junto a un equipo, digamos clandestino.

Causaba impresión ver a todos aquellos hombres vestidos con uniforme militar prestar tanta atención. De esas personas dependía el futuro de Europa. Tom prosiguió.

- Casualmente encontramos un operador, el único que se ha complacido por ofrecer sus discretos servicios a la causa nazi. Evidentemente este agente no existe. Esto permite que el trasvase de información, o desinformación, si lo prefieren, sea más ágil, más rápido. Los datos que se deseen enviar se transfieren a Madrid, al Servicio Secreto alemán en la capital española, y desde allí, a Berlín. Nos permite controlar el tiempo de una forma más eficaz, minimizando el riesgo, tanto de ser descubiertos como de provocar un ataque contra nuestras tropas con resultados desastrosos.

- ¿Qué quiere decir con un ataque contra nuestras tropas?- Interrumpió el Coronel McGregor, de los Estados Unidos de América.

Le pondré un ejemplo que le ilustrará perfectamente lo que quiero decir. Antes de la Operación Torch, el desembarco en el Norte de África, Garbo inventó que el agente que estaba residiendo en Liverpool había enfermado, por lo cual no se podría transmitir información de aquella zona hasta que el agente en cuestión estuviese recuperado. El desembarco empezó desde ese punto, como sabrán. Pero si informamos a los alemanes, podrían estar esperando y deshacer toda la operación. Por el contrario, si no se les informa, podrían desconfiar de nuestro agente. Para evitar una cosa y la otra hicimos lo siguiente. Primero, el supuesto agente Gerdess, había muerto. Para reforzar la idea publicamos una esquela en Liverpool Post, de la cual el agente Garbo remitió una copia a su contacto en Madrid. Lo segundo que hicimos fue matasellar la carta con la información, pero remitirla una semana después, que les llegase, sí, pero tarde. La información al final había sido obtenida por la agente inventada, con clave, La Viuda, esposa de Gerdess. Como saben se encontró escasa resistencia en el Norte de África, pero el agente Garbo fue felicitado, desde las altas instancias alemanas, por la valiosísima información que había transmitido. Pero aun así existiría el riesgo de que la carta hubiese sido recibida antes de lo deseado. Además es más fácil controlar el tiempo por medio de la radio.

- Y a partir de ahora.- Habló el Teniente General Frederick Morgan de Gran Bretaña.

- A partir de ahora, Señor, no tendremos un segundo de respiro. – “C” se encargó de responder. -No menos de cuatro mensajes han de llegar cada día a Berlín. Que busquen, que interpreten. Cuál es el contenido de los mensajes, ese será su cometido, caballeros.

Juan permanecía callado. Los oyentes parecían complacidos.

•   •   •

Las sirenas anuncian un nuevo bombardeo, me habían sorprendido boca arriba en mi cama. Bajé las escaleras a toda prisa, impulsada por el miedo, saltándome los escalones de dos en dos, para poder refugiarme  en el sótano  junto al resto de los vecinos. Cada uno de nosotros combate el miedo como puede, todos somos conscientes de que puede ser que esta noche sea la noche. Únicamente los niños juegan en un rincón, con el pelo blanco del polvo que va cayendo constantemente, rompiendo la monotonía del silencio con sonoras risas o llantos inocentes.  Puede que amanezcamos debajo de unos escombros. Paso el tiempo rezando entre dientes y con un papel arrugado entre las manos. Mi forma de combatir el miedo.  La única carta que por ahora ha llegado de Jim. Tengo la impresión de que mi ansia la debería de haber vuelto transparente. La he releído tantas veces que conozco hasta el más mínimo defecto del papel, cada mancha negra que indica que debajo había alguna información que la censura tuvo a bien que no conociese, cada paseo que dimos y que me relata, cada roce que juntó su piel con la mía, el último suspiró oculto tras el silbato del tren que me lo arrebató. Ya no la leo, la sé de memoria, únicamente la acaricio como si fuese el último paño donde se juntaron nuestras lágrimas.

Amor mío, cuídate por favor. Regresa a casa. Haz que los recuerdos de esta maldita guerra sean de un español de ojos marrones, no hagas que tenga que vivir una vida recordándote.

•   •   •

Pasaron un par de semanas hasta que el español volvió a la oficina. La noche anterior fue otra noche de nostalgia contenida, otra noche de descanso, de miedo a un futuro que parecía acercarse. Miedo a un adiós que no teníamos previsto aún. La vida debería vivirse sin despedidas.

Mis pensamientos volvían una y otra vez a Jim. Se volvían escurridizos. Me hablaban del pasado compartido con mi pareja, de la fugaz boda para poder recibir pensión en caso de…  No quería pensar en eso, pero no había forma de expulsar esos pensamientos de mi cabeza. Intentaba concentrarme en la esperanza del futuro. En su regreso, en la felicidad de volver a tenerle entre mis brazos, entre mis piernas. No quería imaginar el llanto que se me escaparía, ni el de sus padres, ni el de los míos... ¿Realmente puede una bala cambiar tantas vidas?

- Elisabeth, tan temprano. Debería usted pensar en abrir el local.

- ¡Oh! Juan. Usted por aquí. Pensaba que  no había disfrutado de mi compañía.

- ¡Como puede pensar eso!- Dijo levantando las manos, ligeramente, al aire. – Estamos liados, muy liados. Debemos distraer su atención de…

- Normandía. Lo sé.- Dije. Sin embargo no me atreví a decirle las veces que mis dedos se habían recorrido esas costas en un mapa. Las veces que había soñado en no conocer ese nombre.

- Normandía, sí. Muchas vidas están en juego.

Vio de qué forma bajó mi vista y mis manos se apretaron para hacerse un puño.

- Eso no tengo que explicárselo a usted, claro. Estese tranquila. Por ahora parece que todo va según lo previsto. Treasure asegura que siguen aumentando las defensas en Calais. Parece que a Rommel, al gran estratega del desierto, le han asignado la misión de coordinar la defensa de la costa, desde España…

España, su país. Pude notar cómo cientos de imágenes galopaban por su cabeza. Como su vista se alejó por la ventana del local.

- …Hasta Alemania junto al Mariscal de Campo Gerd Von Rundstedt. Puede ser preocupante. Que Rommel esté asignado a semejante misión puede hacer que la maniobrabilidad del ejército alemán crezca considerablemente…

- Su corazón qué le dicta.- Interrumpí intencionadamente su locución. Quería huir de la persona que podía dirigir la muerte de mi marido, Rommel, el culpable de que me devolvieran un héroe en lugar de un esposo. Mis ganas de huir pudieron más que mis ganas de saber cómo ganaríamos esa guerra. Si se podría ganar esa guerra.

- Mi corazón poca cosa puede decir. Quedó atrapado en 1939.  Tengo miedo de que llegue el verano. Bueno, aquí, en su país, no es tan problemático. Ni viven con aquel calor insoportable, y por desgracia, los aviones vienen a visitarnos demasiadas noches. 
En Lisboa me aterrorizaba escuchar un ventilador. Ese sonido, ese rotor, sonando de la misma forma que un bombardero antes de soltar su carga. Explosiones. La imagen de una mujer, vestida de riguroso luto, de cabellos negros como un día más en una guerra, arrodillada junto al cuerpo de su marido, que no se mueve, que no respira, el mundo se volvió negro como su cabello, y el único toque de color que pude ver en aquella desesperación fue el pañuelo blanco que le servía para recoger  lágrimas y sangre. De nada sirve que una mano amiga quiera empujarla a seguir adelante. El dolor la tiene paralizada, con una rodilla tocando el suelo y la otra sujetando su brazo que busca consuelo apoyado en su pecho. Un rostro destrozado es suficiente motivo para que la guerra viva conmigo, Elisabeth, eso es lo que dicta mi corazón.

Le cogí una mano y la puse entre las mías. Quise aliviarle los recuerdos, y también sentía que algún día alguien pudiera aliviar los míos. Puede que sólo estuviera sentada delante de un espejo con un reflejo que viene del futuro.

•   •   •

La mañana del 29 de abril fue caótica. Desde primera hora de la mañana se respiraba en el ambiente que algo sucedía. No tardé mucho en saber qué era. Juan  me acompañó a la hora del almuerzo. Habíamos ido forjando una pequeña amistad a lo largo de aquellos tres meses.

- ¿Qué ha pasado?- No pude contenerme de preguntar a los pocos instantes de quedarnos solos.

- Esto no le va a gustar, Elisabeth.- Dijo en tono serio.

-¿Qué ha pasado?- Insistir notando cómo se humedecían mis ojos.

- Ha sido en Lisboa. Los alemanes arrestaron ayer a Johan Jebsen, de nombre clave Artist.

- ¡Durante los últimos meses ha sido su contacto en Lisboa!- Intentaba procesar rápidamente lo que significaba esa noticia.

- No sólo el mío, por desgracia. También estaba estrechamente unido a Dusan Popov, Trycicle. Les une una gran amistad.

No estaba segura de qué significaba. Buscaba soluciones a problemas que aún no había llegado a comprender.

- La Operación Fortitude puede saltar por los aires. Eso significa.- Pareció que pudo leer mis pensamientos, vaciando el aire de sus pulmones dijo lo más serenamente que pudo.- Si Jebsen habla, todo el desembarco quedará bloqueado. Lo más difícil será saber si habla o no.  Puede que cuando desembarquen en Normandía les estén esperando, que no quede ni un soldado alemán en Calais ni en Noruega, mientras nosotros seguimos convencidos de que están esperando en aquellas costas. Quizá consigan engañarnos. Pueden tener todas las fuerzas allí concentradas.

- Lo sabríamos, ¿no?- Balbucee. Apenas salieron las palabras.

- Ojalá fuera tan sencillo, ojalá. Pero los alemanes se fían de mí, de sus otros espías. Nosotros nos fiamos de Treasure y de los otros. Nunca se podrá saber  quién engaña a quién. Espero que no sean ellos quienes dispongan del mejor farol. Si Jebsen habla, reza para que lo sepamos de antemano.  Esas playas pueden ser una auténtica ratonera. Espero que los 150.000 fantasmas que esperan en Kent, junto a barracas que sólo son sombras, y vehículos que son sólo hinchables logren su función. Espero que Patton sea un anzuelo apetecible.

- ¿Se sabe cuándo será?- Pregunte desesperada. Quería saber, quería estar preparada. Rezar, rezar, ese día.

- Lo siento, no puedo ayudarle. Esa es una información de Alto Secreto. Han expulsado a oficiales americanos del ejército con deshonor, por revelar información de menor rango mientras se escapaban de los campamentos para ir a beber a los pubs. Sólo sé que se habla de Día D.

Lloré. No quise evitarlo. No le vi marchar. Sólo noté cómo me acarició el pelo al hacerlo.

•   •   •

Seis de junio de 1944. Estoy convencida que esa fecha quedará grabada en los libros de historia. Le vi en la puerta del bar al llegar. Estaba de pie, fumando, andando desordenadamente, esperándome fuera. Me miró. Me abracé. Supe que todo había comenzado.

- Vinieron a buscarme a medianoche.- Me dijo sin soltarme.- He tenido que transmitir que todo ha empezado.

- ¡Les ha avisado!- No me lo podía creer.

- Sí. Lo he hecho. He informado al Alto Mando Alemán que había movimiento de tropas en Southampton. Es demasiado tarde para que coordinen una defensa en Normandía. Si no están preparados, podremos abrir brecha y entrar sin que tengan oportunidad de defenderse. Si están esperando puede que remitiesen la información que están esperando en Normandía. Se podría cancelar todo antes  de que fuese demasiado tarde para los muchachos. Por ahora, no se ha obtenido respuesta. Sólo me he escapado un segundo para que usted lo supiera. Pero debo irme de inmediato.

Aunque hubiera seguido hablando no le habría podido escuchar. Mi futuro estaba metido en un barco rumbo al terror.

•   •   •

A última hora del día siguiente me pilló en la oficina repasando la lista de los caídos. No le escuché entrar. Al verle sonreí. Comprendió que no había novedad. No había leído su nombre. Quedaban esperanzas. Al menos las mías, otras muchas habían quedado esparcidas en el suelo de Francia, Cherbourg, Bayeux...

- No se va a creer lo que pasó ayer.- Dijo al ver que me había relajado.

- El operador de radio alemán falló. No pasó la información hasta hoy. Los alemanes me han felicitado por mi trabajo. Hubo suerte, Elisabeth, nos están esperando en Calais.

Me alegré tanto. Tomé aire con todas mis fuerzas y me senté. No estaban esperando a Jim en Normandía. Había posibilidades, muchas más posibilidades de que todo fuese bien.

•   •   •

Han pasado tres días desde que ha empezado la invasión. Tres días con la única rutina de leer nombres y más nombres. Nombres sin rostro, pero con familias que estarán destrozadas a partir de hoy. Cada vez que un Richardson tropieza con mis ojos el corazón se me encoge. Por ahora no le encuentro. Buena señal. Sigue en algún lugar de Francia, luchando por ganar, luchando por sobrevivir. Cada día que pasa para mí es una victoria.

Entra Juan, Pujol, Garbo, Alaric… el español.  Nombres para una sola persona. Alguien que está luchando desde una oficina, sin más armamento que la mentira.

- Elisabeth.

- Hola Juan. Usted por aquí.

- Quería verla. Quería saber que todo está bien.

- Todo está bien. Suena raro pronunciar esta frase en estos momentos, pero todo está bien.

- Esta mañana he transmitido que el General Patton sigue anclado en el sureste. Que Normandía sólo es un apoyo para el verdadero objetivo, Pas de Calais. Esperamos que mantengan las dos divisiones armadas y las casi veinte divisiones de infantería vigilando esa costa. Los muchachos encontraron más dificultades de las previstas para poder introducirse en suelo francés. Rommel  está moviendo las tropas, mueven dos divisiones de Panzer hacia Normandía. Queremos que las mantenga en Calais por el momento. Su fuerza de disparo podría hacer estragos en nuestras tropas. Esperemos que nos den un poco de tiempo, esperemos que dejen que montemos un Puente de Mando para poder operar.

Permanezco de pie. Me abrazo a mí misma. Busco un consuelo que sólo yo me puedo dar.

- Sabe que lo peor ya ha pasado.- Me dice. Me mira directamente a los ojos, con firmeza.

Me coge por los hombros.

- Lo sé Juan.

Trago saliva y no puedo seguir hablando. No dejo de mirarle a los ojos. Finalmente no puedo evitar abrazarme a él. No me queda más remedio que decirle una realidad.

- Queda mucho tiempo para que esta guerra acabe, es que…  aún faltan muchos días para llegar a Berlín.


Jaime Ernesto


* Basada en hechos reales, para más información sobre el agente Garbo dejamos el siguiente enlace (pequeña entrada escrita):



viernes, 20 de junio de 2014

Lienzo Inacabado



He despertado envuelta entre jirones de sueños perturbadores, recordados por un instante. Al levantarme, los he dejado enredados entre las sábanas para que no se me agarren con fuerza, para no tener que tener la cotidianidad de luchar contra ellos. No quiero que me cambien de lugar, ni me disfracen como en otros tiempos, de lo que no soy o de lo que fui. Ahora tengo la certeza de que no existen días distintos, son todos exactamente iguales.

Sé que un desayuno tranquilo ayuda a despejarse, a disolver pesadillas entre cafeínas, y entre tantas trémulas que no te llevan a ninguna parte y a todas;  has aparecido tú, raudo y fugaz. Has surcado mi memoria como una de aquellas estrellas que observábamos abrazados, desde el balcón del cochambroso apartamento de nuestra juventud, idealista e inconsciente. Has aparecido como los ruidos de nuestras risas y nuestra hambre, qué poco importaba comer o no,  vivir o malvivir, si existíamos juntos y completos en el amor.

Pasión desbordante de tiempos que se pintaban difíciles, pero no queríamos ver. Época en que sin tener nada nos reíamos por todo y éramos felices con sólo mirarnos, mientras éramos simple amor, y posaba para ti.

Entre lienzos, bocetos, pinceles, oleos y trementinas todo nos parecía simplemente perfecto, tan locos, tan ilusos, tan enamorados… que aún no me lo creo.

Han llovido mares, océanos y desiertos desde que mi padre ordenó mi existencia, con el burdo pretexto de las obligaciones para con la empresa familiar. Me arrancó de aquella vida, alejándome de tu lado, alejándome de mi lado; y sigo sin entender porqué ahora tengo que recordarte, quizás, quizás, demasiados quizás… muchos hombres buscando tu reminiscencia que se desdibuja en el tiempo, los meses y los años han ido borrando el perfil de tu rostro, el sabor de tu piel y el tacto de tu pelo, y con cada uno de ellos puede que esperara llenar este inmenso vacío, llenándolo de encuentros, de amores pasajeros, de falsas reproducciones de lo que fue lo nuestro.

Siento que sólo soy una ignorante y que fui muy cobarde, elegí la rigidez de la cordura a la flexibilidad, a la libertad y a la locura del amor, cedí por unos números que me vienen muchas veces grandes y donde no soy feliz.


Era la presidenta de un bufete de abogados, situado en la parte alta de la bulliciosa ciudad. Entre clientes, casos, denuncias y juicios, las obras sociales y actos culturales atestaban su apretujada agenda. No tardó en entrar su secretaria, siempre tan discreta como elegante, para informarle que a las siete era requerida en la inauguración de una exposición pictórica, otra de tantas.

Salió del coche que cortésmente le abría el chófer. La gran sala de suelos pulidos y blancas paredes, estaba poco concurrida, los cuadros colgaban unos junto a otros. Caminó hacia uno de los camareros, impecable, de negro, camisa blanca y pajarita. Cogió una copa de cava y se puso a hablar con uno de los antiguos socios de su padre. Su presencia allí, era meramente testimonial, y ella lo sabía. Se colocó alejada de los focos, en un rincón, bajo una sombra que le cobijase de conversaciones laborales. De los fríos números sólo aprendió que hay momentos que suman, y otros tantos que restan.

Distraída, se fijó en un cuadro. Toda la pared del fondo para exponer un solo lienzo, un desperdicio. Se acercó. Se puso delante y sintió que estaba reflejada en él, como ante un espejo pero empañado, un espejo que en lo más profundo guardaba imágenes de años atrás:

Cuadro Nº 33 – Obra Inacabada.

Leyó, mientras una sombra iba cubriendo el cartel que lo identificaba.

- No puede existir final, para un lienzo que no se acabó.- Escuchó a su espalda.

La voz le sonaba familiar, se giró lentamente, mientras la copa resbalaba de sus manos y se estrellaba contra el suelo, haciéndose añicos y salpicando con cava sus diminutos pies enfundados en unas sandalias de diseño. Asombrada, intentó mover los labios, hablar, gritar, pero su boca sólo era rigidez, sólo podía llorar, las lágrimas surcaban su bonito rostro. Intentó correr, andar, pero sentía que aquella carrera que antaño emprendiera ya había acabado.

Cuando se serenó, quiso pronunciarse con voz y con sentido. Pero un dedo varonil se posó en sus labios suavemente haciéndola callar, ya no hacían falta las palabras porque un fuerte brazo la asía y la invitaba a salir de la sala. Sintió cómo todos los sueños se recomponían, sintió cómo se escapaban de entre las sábanas, raudos y veloces se dirigían chocando entre sí y explotando en multitud de colores, llenando los espacios vacíos que habían quedado sobre el lienzo inacabado años atrás, sobre el cuadro de la pared blanca y desperdiciada del fondo, sobre la tela rotulada como la número 33.


Laura y Jaime