miércoles, 28 de octubre de 2026
ISABEL - SIGLO XIX - Parte I
domingo, 27 de septiembre de 2026
LA GAZNÁPIRA
En
mi pueblo había una mujer que no era tonta, aunque los demás lo pensaran. La
llamaban gaznápira.
No
era que la ignoraras por falta de entendederas. Era la que se quedaba un
segundo más mirando. La que necesitaba detener por un rato la locura del mundo
para poder procesarla.
Todas
las tardes recorría el camino polvoriento hasta encontrarse con un
espantapájaros. Su espantapájaros. Aunque no lo había puesto ella —creo que fue
el tío Antón para espantar a los cuervos—, decidió adoptarlo como su confidente
silencioso.
Era
tan gaznápira que parecía enamorada de él. Juraría que, entre la paja, el polvo
y la brisa, el espantapájaros le devolvía una especie de sonrisa.
Le
decía «buenos días» o «buenas tardes», sin obtener respuesta, y se sentaba a su
lado, en una piedra que sujetaba el poste. Le contaba lo que no podía
explicarle a nadie más. A veces llevaba una flor, una piedra, la bravura del
río o los colores del sol.
A
veces no le hablaba. Simplemente se quedaba a su lado en silencio, haciéndole
compañía en su soledad.
Él
no contestaba, claro. Nunca lo hacía.
Tenía
una camisa de cuadros azules y rojos, roída, y los brazos siempre abiertos,
invitando al abrazo que a ella le faltaba. Pero ella no buscaba respuestas
vanas ni consejos vacíos. Tener una presencia que supiera escuchar sin
interrumpir ya lo era todo. Un espejo donde ordenar los pensamientos sin ser
juzgada.
Los
del pueblo pasaban con el tractor, se llevaban el índice a la sien y se
burlaban. En los corrillos se decía que perdía el tiempo con un muñeco de paja.
Ella los oía cuando se acercaba, se encogía de hombros y seguía a lo suyo.
Lo
que no entendían era que jamás había pensado que estuviera vivo. Lo que había
descubierto era que hay momentos en los que no necesitas que te repliquen ni te
den soluciones. Solo necesitas un lugar donde dejar el corazón un rato, para
que no pese tanto en el pecho.
Al
final del verano, cuando retiraron el espantapájaros porque ya habían segado el
campo, la vieron volver a casa con la camisa de cuadros doblada con cuidado
bajo el brazo.
Iba
serena, con la cabeza clara.
Como
quien no ha perdido nada y lo ha ganado todo.
Laura
Mir
ACIERTA LA QUEMADA
Acierta
la quemada,
al
fin acierta.
Por
volver a casa,
acierta.
Creyó
que era ceniza
y
era abono.
Creyó
que era cosecha
y
era siembra.
Donde
rugió el fuego
ahora
brota.
Acierta
la quemada,
al
fin acierta,
por
pisar tierra...
...tierra
fértil.
Acierta
la quemada,
al
fin acierta.
Laura Mir
sábado, 26 de septiembre de 2026
APRENDE A PRENDER FUEGO A LA VIDA
Enciende
la llama de tu vida. Busca a quienes la aviven.
— Rumi
Cada
alma fue creada para algo: una determinada obra, una determinada melodía, un
determinado viaje.
Lo
sientes temprano y te inquieta; es como esperar agazapado a que amanezca detrás
de un muro.
Ese
anhelo no vino de la nada, no fue puesto en ti por casualidad.
Te
atrae hacia adentro en los momentos tranquilos.
Y
entonces te preguntas:
¿y
si la vida me está invitando a bailar?
Cuando
tu mundo se oscurezca, no maldigas la mortecina luz.
Mira
de nuevo, amigo mío.
Aproxímate
y observa más de cerca.
Tú
podrías ser lo que cambie esta noche.
Aprende
a prender fuego a la vida,
encuentra
a quienes te ayuden a arder.
No
estás aquí para mendigar pedazos.
Fuiste
enviado, y este es el momento.
Ese
sueño fue plantado muy hondo en ti,
mucho
antes de que lo sospecharas.
Persíguelo
con fuerza y empieza ya.
Se
hace tarde, hace frío, y el hielo vela los cristales.
Prende
y deja que él te guíe a través de las llamas.
A
veces rechazamos nuestra sanación porque todavía sentimos el dolor como prueba,
como
el último hilo que nos conecta a lo que amamos,
la
última conexión a la que nos aferramos.
Pero
las heridas nunca fueron hogares para quedarse mucho.
Son
solo recordatorios de los lugares por los que hemos pasado.
No
deshonras lo perdido al elegir la vida.
Ponte
de pie y da un paso adelante.
Una
palabra dicha en el momento adecuado puede alzar un rostro,
puede
cambiar una vida entera.
Así
que ten siempre en cuenta las consecuencias de lo que ofreces.
Puedes
cambiarlo todo.
Aprende
a prender fuego a tu vida.
Nunca
vivas el plan de otro.
La
vida es demasiado corta para dar pasos prestados
cuando
tu corazón ya sabe dónde debe pararse.
Si
tu senda se siente solitaria,
si
el precio te parece difícil de pagar,
recuerda
que el fuego da calor
y
también ilumina el camino.
Soy
tuya, y lo digo claro,
porque
no volveré a entregarme al miedo
de
que todo arda y solo queden ascuas
candentes
por donde no pueda caminar.
Si
tránsito, que sea por algo;
y
si caigo, que sea una caída sincera.
Aprende
a prender fuego a nuestra vida,
caliéntala,
porque perteneces a ella.
No
eres un invitado molesto
que
viene a mirar un eclipse desde la terraza,
ni
un mendigo anónimo que arrastra los pies.
Haz
lo que tu corazón te pida,
incluso
cuando lo que pida asuste a tu lógica.
Lo
que fue plantado en tu espíritu
nunca
estuvo destinado a permanecer encerrado.
Ese
sueño fue colocado en ti con intención.
Sigue
adelante.
Y
aprende a recorrer el camino
sobre
las cenizas que dejamos atrás.
No
estás tarde.
No
estás roto.
Estás
en camino.
… para quien lo necesite en su
oscuridad.
Laura Mir
LA BRECHA EN BUCLE
Mira
qué cosa más rara nos ha pasado…
Laura
escribió La Brecha hace un montón, en una libreta. Mucho antes de todo esto.
Yo
el otro día encuentro una foto de un árbol rajado con una luz blanca por
dentro. Y le digo: joder, es tu texto.
Se
la paso y me dice: es esa.
Luego
me manda un comentario que le ha dejado una chica al leerlo. Que se había
quedado incómoda, que lo de los desprogramados le había dado vueltas.
Y
nos quedamos así un segundo porque encajaba todo sin haberlo planeado.
Una
lo escribe hace meses.
Aparece
la foto después sin buscarla.
Alguien
lo lee y se queda pillada.
Tres
piezas que no tenían nada que ver y de repente van juntas.
Nos
hemos pasado la mañana riéndonos y montando el tríptico. La Brecha, El Vacío y
esto. Porque era demasiado bueno para dejarlo pasar.
No
tiene más misterio. Al final lo importante es pasarlo bien. La vida es muy
corta para no jugar.
Si
os quedáis con la sensación rara, ya somos dos. O tres. O más.
Os
leemos.
Leo
M.
EL VACÍO
En
las escuelas no enseñan que un principio inteligente tiene que tener una causa
inteligente.
Es
lógico que no te lo indiquen para que la teoría del azar no se les venga abajo
y sigas atrapado en una trampa existencial con un enorme abanico de estímulos
externos insustanciales.
Desconociendo
tu origen y tu destino natural, es muy fácil atraparte.
El
vacío que podemos llegar a sentir en ocasiones puede ser por dos razones: que
sea tuyo o que no lo sea.
Si
es tuyo, no estás haciendo bien el camino y tu principio inteligente te lo está
indicando.
Y
si es de otro, estás bien jodido porque sientes lo que no te corresponde, pero
eres un suertudo de narices porque estás consiguiendo un grado de libertad más.
Alégrate, y mucho, aunque el principio inteligente del otro te esté pidiendo
ayuda en un grito desesperado.
El
vacío funciona como una pastilla roja: duele, arde, desgarra... Y quien decide
tomarla descubre su poder y ve la realidad sin artificios.
Laura Mir
viernes, 25 de septiembre de 2026
LA BRECHA EN EL ENTRAMADO
Estoy
en esas horas inciertas, oscuras, en las que no sabes si las saetas van hacia
el amanecer o hacia el ocaso y declive definitivo de la raza humana. Me
pregunto si una mayoría de corazón negro puede acabar con la minoría de corazón
blanco, mientras recuerdo las cuestiones expuestas sobre ese fondo viscoso y
glutinoso que nos alberga.
Tiemblo.
Tiemblo al pensar en nuestra fragilidad.
Y
me sumerjo en una búsqueda para dar una respuesta. En esa búsqueda colisiono
con el físico James Gates Jr. y su descubrimiento de los códigos de corrección
de errores entre las franjas vibracionales de las cuerdas, y con su retorcida
teoría.
¿Y
si nada de lo que vemos, olemos, tocamos y saboreamos fuese real?
A
bastante distancia está lo que oímos; puede que sea lo único verdadero que nos
llega, lo que nos ayudaría a discernir entre la perversidad y la bondad. Como
si nuestra codificación se hubiese rectificado en una dirección más tenebrosa
durante la adquisición de los sentidos. Tiene que existir una brecha en alguna
parte de este vasto entramado.
Esa
certeza de que algunos —muy pocos, poquísimos en verdad— hemos sido
desprogramados toma una magnitud considerable, a diferencia de los que siguen
con la codificación en la materia, sin brizna amorosa en su interior.
Luego
hay otros que, desprogramados a medias (algo falló en el proceso), se enredan
en obsesiones con más consciencia, pero aún insuficiente para brincar de la
simulación.
¿Cómo
gritarles que no es el cinco por ciento, sino el uno, si son sordos?
Pierdo
la esperanza y siento algo parecido al miedo. Al miedo de perderlos; al miedo
de perderte de forma irremediable para siempre.
Por
favor, respira y pregúntate si estás totalmente desprogramado o en las
antípodas. Y por favor, deja de cuestionarte y cuestionarme si todos disponemos
de un alma, porque, aun con un alma vibrante en nuestro interior, muchos
estamos completamente huecos.
Laura Mir






