Búscala en el diccionario si quieres: no la vas a encontrar. Es una palabra que me inventé el otro día, parada en medio de esta casa prestada, con la garganta aún recordando el último susto y la tele guardando un silencio pastoso.
Porque para lo que se siente cuando el aire falta y el cuerpo te encierra, no había vibración, no existía verbo.
Yalvaré no es ponerse a llorar por los rincones. Tampoco es mendigar llamadas ni mirar con tristeza a los que se esfuman cuando la tormenta aprieta, esos que nunca están aunque una siempre haya estado firme, sosteniéndolos.
Yalvaré es lo que haces tras pasar por cuatro angioedemas —tres de ellos tocando la tráquea— y descubrir de golpe quién se queda a pie de cama y quién se evapora.
Es esa dignidad intacta de plantarse en medio de todo y decir con la cabeza muy alta:
Iros a la mierda, hombre. Es la tozudez de cuando ya no sabes qué demonios hacer, pero decides no moverte ni un milímetro de tu sitio. Es coser con luz prestada. Es tener la respiración justa para mantenerte y la certeza absoluta de que el alma no se ahoga aunque el cuerpo sí lo haga.
En las cuentas me sale el 30/3.
El 30 es el arcano del Intercambio: la balanza exacta del dar y recibir, la prueba de con quién se teje de verdad la vida y quién era solo un eco de sí mismo. Y al sumarlo, nos da el 3: La Emperatriz, la que reina sobre la tierra y las flores. Tauro. Venus. Todo encaja. La Emperatriz no suplica un lugar: lo crea, incluso desde la restricción más absoluta y en casa ajena.
Por eso estoy de paso, pero no vencida.
*Yalvaré (verbo de Venus): Sustentarse de fe en territorio prestado. Conocer el propio valor, ajustar el intercambio, mandar a paseo lo que sobra y sostener el jardín en la cabeza hasta que florezca en la casa propia.
Yalvaré. Vaya si yalvaré.
*Escrito hoy, 18 de octubre de 2026, desde una casa prestada.
Que es prestada, sí. Pero la que cose aquí dentro no lo es.
P.D.: Acepto mudanzas, obras y silencios imprevistos. Lo que ya no acepto, son pasajeros sin billete en mi orilla. Buen viaje a los que se bajaron en la última parada.
Laura Mir
