viernes, 12 de junio de 2026

APRENDÍ DEL AGUA

 


La princesa y Sant Jordi, en su final,

no comieron perdices;

la historia se quebró

antes de llegar al desenlace.

 

Dijiste que me amabas.

Y fue apenas aire.

 

No hubo distancia

entre tu adiós y el olvido,

como si nunca hubiéramos sido.

 

Me quedé en la vereda,

viendo al río hacer su trabajo:

descender por los riscos

y borrar tu nombre

entre las piedras.

 

Emprendiste otros cauces,

otras orillas

pronuncian tu nombre ahora.

 

Aprendí del agua,

y del dragón que surgía

desde su profundidad:

de su persistencia,

de su antigua certeza

de que todo se va.

 

Dijiste que me amabas.

 

Pero el río no guardó nada.

Siguió saltando por los riscos,

arrastrando la memoria,

olvidando nuestros nombres.

 

Nora Biel

 


1 comentario:

  1. Lo que más me ha llegado del poema es que no percibo el dolor como una protesta o un reproche, sino como la aceptación de algo inevitable. El río parece simbolizar precisamente eso: un movimiento que no puede detenerse. Aunque hay tristeza por la pérdida, también percibo la comprensión de que la marcha forma parte de la naturaleza de las cosas.

    Por eso el final me resulta tan potente. No encuentro resistencia ni búsqueda de consuelo, sino la constatación serena de que el agua sigue su curso y acaba llevándose incluso los nombres. Me ha parecido una imagen muy hermosa y muy humana.

    Gracias por traerlo.

    Un abrazo.

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