Saben más mis errores de mí, que yo misma.
¿Y los otros?
Ellos sólo saben de instantes.
Ignoran el antes:
el temblor y la desidia.
La belleza, por sincera, la desconocen.
Ellos hablan, yo sonrío.
Hace tiempo que dejé de celebrar derrotas
propias y ajenas.
Las miro sin pertenencia.
Eso, eso es trascendencia.
¿Ya no te defiendes?
No, porque soy libertad exenta de prejuicios.
Laura Mir

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