sábado, 25 de octubre de 2014

Mientras la hiedra crece - Primer relato ganador del 5º Concurso Arma una Historia basada en una imagen









Hay muchas maneras de sentirse, pero en la situación que estoy viviendo actualmente puedo afirmar que es de extrañeza,  como si lo extraño no fuera ya suficientemente raro, inhabitual e increíble; cuando piensas que nada puede sorprenderte, el destino te da un revés con mano vuelta mostrándote con todo lujo de detalles, lo equivocada que estabas.

Heredé esta casa señorial de dos pisos, al fallecimiento de mi abuela paterna, junto a un pequeño montante en efectivo que no llegaba para cubrir por completo su restauración, por lo que opté por pagar los tributos, rehabilitar la planta baja, adecentar un poco el jardín y darle una buena podada a la salvaje hiedra que amenazaba con cubrirlo todo. Acabadas las obras y en espera de un golpe de mayor fortuna, nos instalamos hace unos meses mi perro Chasco y yo.

Todo parecía ir bien, pero me sentía como si en la casa hubiese alguien más. No, no es que faltase nada, pero notaba que las cosas a la vuelta del trabajo no estaban tal como las había dejado, y por las noches en la planta superior se oían ruidos, pero en las casas viejas ya se sabe, todo cruje. Ni puertas, ni ventanas forzadas, todo cerrado para aumentar la intriga.

Día tras día, vivía con la sospecha, y antes de que la paranoia me afectara por completo y acabaran encerrándome en un psiquiátrico, seguí el consejo de un compañero de trabajo e instalé una cámara detectora de movimiento, de esas que se ponen en marcha y echan fotos por segundo.

Cuál no sería mi sorpresa al revelar las casi dos mil fotos, cuando en las últimas instantáneas aparecía un hombre mayor, trajeado y bien peinado junto a mi perro Chasco. Entonces me di cuenta de que ese señor con tan buena planta, vivía en mi casa, a unos metros por encima de mí.

Por un momento pensé en llamar a las autoridades y que ellas se encargaran, que para eso están. Pero por otro lado y ante este carácter romántico y mistérico que me posee, quería conocer a toda costa, la identidad de mi carismático inquilino, exento de alquiler.

Preguntando por el pueblo, aquí y allá, a las porteras por vocación más que por oficio, me enteré de que mi abuela vivía con un amante, todo un caballero de los de antes, educado y galante, caído en desgracia, pero que le dio compañía y calor en sus últimos años, del cual nosotros no teníamos menor noticia.

A su fallecimiento, ante el talante intransigente y egoísta de mi padre, por nadie ignorado y para evitar mayores sufrimientos a la familia, la buena mujer decidió no dejarle nada a ninguno de los dos, y legarme la totalidad de sus bienes, con la esperanza de que pareciéndome a ella en su compasión y por caridad humana, diera cobijo y abrigo a ese hombre.

Ya han pasado varias semanas de este descubrimiento, y como si no pasara nada, que sí que pasa porque es muy extraño, los dos hacemos nuestra vida haciendo que nos ignoramos por completo. Existiendo un nexo de unión entre ambos, mi perro, mejor dicho, nuestro perro Chasco, que parece que ha adoptado al caballero, por el cariño que le profesa.

Cuando creen que estoy dormida, hombre y perro salen a contemplar las estrellas, pero en realidad les observo desde mi ventana, dándome cuenta de la forma curiosa con que la hiedra crece, tupida, espesa y con fuerza salvaje, custodiando los velados secretos, por todo el jardín.


Sonia Mallorca


jueves, 23 de octubre de 2014

Haciendo camino - Relato a 5º Concurso Arma una Historia basada en una imagen


Siempre pensé que la vida era un sueño dentro de otro sueño, de los cuales solo se podía hablar susurrando en un lugar que estaba mucho más allá de nuestros sentidos. Un lugar con un pozo al cual debía uno asomarse y hablar muy bajo, si no querías que el eco te dejara sordo. Me gusta desplazarme hasta allí a menudo, me paseo, pienso, intento vislumbrar algo del futuro o vuelvo a recordar cosas del pasado, allí el tiempo no existe, no hay prisas, la palabra ruido no tiene ningún significado, estoy en paz conmigo y con lo que me rodea. Un lugar al fin al cabo que no existe más que en la imaginación de los filósofos.

Cierto día de un principio de otoño, mientras escribía, se sentó a mi lado una tristeza pasajera, que se puso a hablarme de su vida, sueños y fracasos. Por educación la escuché un rato, hasta que me cansé y decidí irme a dar una vuelta por el páramo yermo, donde se encuentra mi pozo de los susurros. Cuando me asomaba a él, alguien me empujó, era esa mala pécora de tristeza la que lo había hecho y mientras caía me gritaba que así aprendería a no dejarla con la palabra en la boca. Caí y caí durante lo que me pareció una eternidad, dejé de ver, sentir y oír mientras me hundía en la oscuridad, hasta que perdí el conocimiento.

Cuando lo recobré, estaba tendido sobre un mullido colchón de hiedra que formaba un camino que discurría en medio de una llanura de tierra oscura, el cielo extrañamente claro estaba lleno de estrellas, donde una de ellas parecía hacer de sol, como un foco. Que alumbraba algo que desde aquí se adivinaba mas allá en el camino, no se distinguía muy bien, pero parecían ser dos siluetas, una de ellas debía ser un hombre, la otra era más pequeña, así que decidí acercarme un poco más.

Efectivamente la silueta alta era la de un hombre y la pequeña era la de un perro, el camino se acababa allí, a los pies del hombre. Él y su perro estaban inmóviles, vueltos hacia la luz de aquella estrella, todo estaba en silencio, era un poco tétrico.

Me acerqué aún más, y sorprendido me fijé que la hiedra subía por el lomo del animal, por las piernas y brazos del hombre, era como si ellos fueran el camino o el camino les hubiera hecho a ellos, como algo simbiótico. No sabía muy bien qué hacer, ellos no se movían y yo estaba un poco asustado, pero seguí acercándome, mi curiosidad podía más que el miedo. Cuando por fin llegué a su altura, ellos seguían sin moverse, parecían dos estatuas que de alguna manera aparentaban respirar y estar vivas. Sólo cuando estaba a punto de rebasarlas, el hombre volvió la cabeza y me miró.

Existe un lugar apartado del tiempo donde no hay nada, tan sólo una tierra yerma bajo un cielo extraño donde una estrella brilla más que las demás. Ese es el escenario donde transcurre la vida de un hombre, que a medida que avanza deja detrás de él un camino, para que los que una vez le hubieran conocido o amado, pudieran seguir sus pasos y enseñanzas.

Cuando el hombre me miró, reconocí a mi padre y a su último inseparable compañero. Entendí que mi momento había llegado, debía coger el relevo, a mi lado ahora está mi perro y miramos hacia el brillante futuro, mientras la hiedra crece y seguimos haciendo camino para los que un día vengan a relevarnos.


Benjamín J. Green

domingo, 19 de octubre de 2014

La Dama de Agua




Aquella tarde Clara estaba nerviosa, su padre volvía de un viaje de negocios después de una semana, resultaba insoportable aguantarla, arriba y abajo, saltando. Su abuela para tranquilizarla la hizo sentar a su lado y comenzó a contarle una historia:

— Hace algún tiempo, en un bosque cercano donde hay un río, vivía en sus profundidades, una linda Dama de Agua, de larguísimos cabellos negros y ojos cristalinos. Por la noche se sentaba en una roca a la luz de luna y con un peine de plata se peinaba y esperaba, durante el día era un mirlo negro y hermoso.

— ¿Qué esperaba abuela? ¿Qué es un mirlo? ¿Por qué era un mirlo? ¿Es en el bosque de al lado? ¿Es en el río del bosque?...

— Tantas preguntas no sé si podré contestarlas, ya se me ha olvidado la primera. Mira, te cuento la historia y luego me haces todas las preguntas — la niña asintió con la cabeza — Estas mujeres son muy raras de encontrar porque son escasas; pero son de una tal belleza que hechizan a los hombres, los enamoran, para tener descendencia.

— ¿Qué es enamorar abuela? ¿Y la descendencia?

— Enamorar es querer a alguien y la descendencia son los hijos que tiene la pareja, como tu padre y tu madre.

— A mamá no la conocí.

— Murió al nacer tú — dijo la abuela con pesar en los ojos mirando a aquella chiquilla de tez traslúcida — Sigo con la historia. Pues una de ellas, una noche conoció a un hombre y se enamoró perdidamente de él, cosa que una Dama de Agua no debe hacer jamás, porque nunca tienen niños, sólo engendran niñas que se llevan con ellas al fondo del río, porque son niñas tan especiales como ellas, de día pájaros y de noche mujeres acuáticas. Pero está se enamoró perdidamente, hasta el punto de que cuando tuvo a la niña por el amor que sentía hacia su pareja, la dejó a su cuidado, sacrificando el amor que una madre puede sentir. La excusa que puso es que quería que conociera los dos mundos, porque llegado el momento, la niña tiene que volver al lecho del río, al llegar al final de la pubertad se vuelven inmortales.

— ¿Qué es el final de la pubertad, abuela? — preguntó Clara ya más calmada.

— El final de la pubertad es cuando una niña deja de ser niña y se convierte en mujer.

— ¿Eso me pasará a mí?

— Eso nos pasa a todas.

— ¿Cuándo?

— Llegará un día que tu corazón te dirá que estás preparada para aceptar el amor de un hombre. Ese día, habrás dejado a la pequeña niña que eres, y serás una hermosa mujer.

Clara se quedó pensativa. No entendía que pudiera existir más unión que la que la unía a su padre y a su abuela. Los nervios volvieron a activarse, y corrió a la ventana en busca de una nube de polvo que le indicara la proximidad de su padre. Bajo la coreografía rítmica de los vencejos, vio que el momento ya llegaba, estaba a punto de llegar.

Corrió hacia la puerta.

— Clara — dijo su abuela interrumpiendo su carrera. – Dame un beso.

Dudó un segundo, y a la misma velocidad, corrió hacia a su abuela a darle un abrazo, mientras ella acariciaba toda la largura de su pelo. Al salir, dejó que entrara toda la luz por la puerta que quedó abierta.

Mientras el rugido del coche cesaba, y se escuchaban los gritos enérgicos de la niña, la abuela estrechó entre sus manos aquel peine de plata, que su hijo trajo junto a su nieta recién nacida.



Sonia Mallorca y Jaime Ros


Ventana al mar - Relato ganador de Concurso a dúo









El ascensor que me lleva a la séptima planta donde está la habitación de mi mujer hace un ruido lamentable. No puedo dejar de pensar en la jeringuilla que llevo en el bolsillo. Los olores de esta ala del hospital me golpean cuando se abre la puerta, sigo por el largo y pulido pasillo hasta oncología, y me paro ante la puerta de su habitación. Soy incapaz de entrar. No sé si tendré las fuerzas suficientes. Ojos febriles en su demacrada cara por la enfermedad,  con una súplica en la mirada seguirán mis movimientos por la habitación. Ella espera de mí algo que no soy capaz de hacer.

Lo miro y siento pena por él, nos hemos querido tanto durante tanto tiempo, que todo ese amor no nos sirve ahora de mucho, en este largo y doloroso camino hacia mi muerte, para esta enfermedad no hay atajos, y el sufrimiento es insoportable. Quiero descansar por él y por mí, quiero morir, pero no sé cómo. Esta ciencia nuestra nos obliga a vivir, sí o sí, aunque no lo desees, te prolongan la vida y con ella el padecimiento. ¿Para qué quiero vivir si en verdad ya estoy muerta?, sí, muerta y muriendo día tras día. Ellos justifican lo que hacen con las formas convenientes, pero no ven que ni siquiera soy sombra.

Desde que le diagnosticaron osteosarcoma hace dos años, sé y he visto como luchaba con todas sus fuerzas. No recuerdo que haya bajado los brazos ni una sola vez, siempre con su eterna sonrisa, ocultando su rabia interna. Tanta lucha no ha servido de nada. Mi mujer se muere, y una parte de mí está muriendo con ella. Me suplica a diario que acabe con ese dolor, y estos malditos médicos sólo le dan calmantes para paliar el sufrimiento. ¿Por qué no dejan que se vaya en paz?

A veces consigo evadirme, vuelvo a la playa, a la casita que alquilábamos todos los veranos cuando los niños eran pequeños. Allí era feliz, porque los veía reír mientras construíamos castillos de arena en la orilla cerca del agua. Nos gustaba observar como las olas los desmoronaban, arrastraban con ellas esa parte que compartíamos durante aquellos ratos. Y qué es el tiempo si no lo disfrutas, sólo son saetas que marcan. Me gustaría estar de nuevo en esa costa, y ser castillo construido de granos de arena, para que una ola, quizás pequeña porque estoy muy débil, me llevará hasta la profundidad del mar. Sería ese atajo que tanto anhelo.

Ella me mira mientras me acerco a la cama, sus ojos me sonríen, lo sabe, le susurro al oído lo mucho que la amo, mientras mis lágrimas pugnan por salir, las contengo, no quiero que vea mi dolor. Le inyecto el contenido de la jeringuilla que me ha facilitado uno de los médicos del equipo que se ocupan de ella, quizás por humanidad. La estrecho entre mis brazos y la beso tiernamente, me mira intensamente un instante y cierra los ojos. Noto como su vida se me escurre de entre los brazos, como toda ella vuelve al mar, nuestro mar donde fuimos tan felices. Se me va lo único que me importa en la vida. Su último suspiro ha roto en mí ese llanto desgarrador tanto tiempo retenido, fluye libre y fuerte, junto con la culpabilidad que sobrellevo, me repongo un poco. La acomodo sobre el lecho. Me acerco a la ventana y me siento en el alfeizar, me giro para observarla por última vez, antes del reencuentro junto a nuestro mar, antes de lanzarme…  al vacío.


Laura Mir y Benjamín J. Green


* Basada en hechos reales


jueves, 16 de octubre de 2014

PREMIO INFINITY DREAMS




Desde el blog Presentimientos  de María del Socorro Duarte; se nos ha honrado con el Premio Infinity  Dreams y desde esta comunidad le damo miles de gracias.

Como siempre que se recibe un premio no es poca la alegría ni el entusiasmo, y más este premio que se otorga por otros blogueros, con él se reconoce la creatividad, dedicación y esfuerzo por mantenerlo, así como la capacidad de trasmitir valores personales, culturales, éticos y literarios.

Este blog no hubiese sido posible sin el arduo trabajo de nuestros colaboradores, amigos, anónimos y ocasionales que comparten con nosotros día a día sus palabras, por lo que desde esta pequeña comunidad les damos las gracias.

Queremos agradecer también la paciencia y constancia que nos brindan nuestros lectores, sin ellos que son nuestra energía este blog no existiría.

Como es de bien compartir con nuestros compañeros para que entre todos sigamos creciendo, nos complace nombrar merecedores de este premio a los siguientes compañeros y amigos:


Lista de nominados:

Benjamín J. Green por su blog La isla de Benjamín

Jesús Fernández de Zayas por su blog Archimaldito

Antonio Pérez Ruiz por su blog Cortos y Micros

Jordi Luna por su blog Vivir historias llenas de vida

David Maestre por su blog Yo puedo ayudarte

Javier Ojeda Ramirez por su blog Las aventuras de Vermudo

Hilda Hurtado por su blog Historias y una copa de vino

Caro Ness por su blog  Caro Ness autor

Ady Alonit por su blog Otra vez?

Menchi Arbego por su blog Escribir en la arena

Marijose Luque Fernández por su blog Sonrisas de camaleón


Los homenajeados deberán:

1.            Agradecer el blog que te nomino.
2.            Responder a sus onces preguntas.
3.            Nominar a blogs.
4.            Avisar a los blogs nominados.
5.            Hacerles once preguntas.


Las preguntas que deben responder son:

¿Cita famosa o palabra que mejor te define?

— ¿Kamikaze?

¿Prefieres leer libros en papel o digitales?

— En papel.

¿Te gustaría trabajar en el mundo de la escritura o te gusta más como hobby?

— ¡Ah!... ¿Son distinta cosa?

¿Qué libro te hizo llorar?

— Es un poemario dramático y muy largo, titulado: ¿Quién le quita los cascabeles al gato?

¿Has conocido algún escritor o escritora famosa? Si no lo has hecho ¿A quién te gustaría conocer?

— Sí, y no gané ni perdí nada, lo lamento mucho por él.

¿Qué usuario de Google+ visitas con más frecuencia?

— Ellos ya lo saben, unos me quieren y otros piensan: Esta pesada ya está de nuevo aquí.

¿Dirías que la escritura ha mejorado tu vida o no ha cambiado gran cosa de ella?

— En varios momentos me ha dado la vida.

¿Cómo describirías tu blog en pocas palabras?

— Un blog comunidad con maravillosos colaboradores y amigos.

¿Has participado en algún concurso literario?

— No, pero gané uno, no me pregunten cómo fue.

¿Cuánto tiempo hace que comenzaste a escribir?

— Desde que me enseñaron a unir letras.

¿Qué es lo que más te gusta de mi blog?

— El amor que siempre encuentro en él, en forma de un enorme corazón trazado en tinta.


(Las he contestado a título personal por la estima que le tengo a la persona que nos ha nominado).


MUCHAS FELICIDADES A TODOS!!!


miércoles, 15 de octubre de 2014

Otro otoño - Poesía



Que es lo que me cubre con sus vientos,
sino otro otoño que con sus lluvias viene.
Se viste la tristeza, que me vio desprevenida
se desnuda la hipocresía como repetición de día.

Soy estática piedra en jardín de hojas marchitas
 que fueron verdes, y ahora, de rojo heridas.
Sólo envidia que les tengo, que serán fértil suelo
alfombra de calor, como fueron tus negras mentiras.

Que es lo que el dolor de mi alma palpa,
sino otro otoño sin comprensión de tu marcha.
Sin adiós, sin palabra escrita, sólo ser fosa
donde la muerte alza a mi encuentro sus alas.

Sobre el pedestal de piedra imagino,
que soy hoja de viento mecida,
que vuela hasta mecerse en el cielo,
y cae para rozar un segundo tu cuerpo.

Que es  lo que ya sé, si no siento,
sino otro otoño de echarte de menos,
que lo filtrase como árbol al agua,
transformar el abismo donde te hayas.

Quedó todo, pero sin tener el aliento,
de no poder pasar un segundo contigo.
Es abismo el jardín que habito,
es fosa lo que quedó en mi pecho.

Que es una estatua de piedra aunque viva,
sino otro otoño que ensucia y embrutece,
este pedestal de mármol que  habita,
sobre el tiempo que las flores marchita.



Jaime Ernesto Ros


martes, 14 de octubre de 2014

MIRADAS




En tus ojos me miré, no sabía que era delito,
cuando quise darme cuenta, en ellos me había perdido.
Quise volver hacia atrás y atrás volver no podía
pues allí quedó prendida, en tu mirada la mía.

Cuando de niños tus ojos se cruzaban con los míos,
sentía un placer inmenso y me quedaba aturdido.
No tuve valor entonces de decirte que te amaba
pues dejé pasar el tiempo y ahora ya no tengo nada.

Es posible que ya entonces, también a mí me quisieras.
éramos los dos tan jóvenes, no sabíamos de amores.
No creí que con el tiempo, poco a poco te perdiera
dejamos correr los días y hoy pagamos los errores.

Esos ojos que me huyen, voy buscando por las calles
porque sé que no son míos, son de otro, llegué tarde.
Más no pierdo la esperanza que me miren algún día
y brillen como luciérnagas, cuando: te quiero, me digan.

Te veo pasar y susurro: ¡Ay, que pérdida tan grande!
Por esconder mis sentimientos y por mi amor tan cobarde.
Sé que a veces te das cuenta de que te miro y murmuro
cuando pasas a mi lado pero es más fuerte tu orgullo.

Si cuando quise no pude y ahora te sigo añorando.
Pues tú a mi ya no me quieres, no sé que estoy esperando.
Pero sueño alguna vez que nuestras vidas se encuentren,
y no dejen de mirarse nuestros ojos para siempre.



Abby Canales