Enciende
la llama de tu vida. Busca a quienes la aviven.
— Rumi
Cada
alma fue creada para algo: una determinada obra, una determinada melodía, un
determinado viaje.
Lo
sientes temprano y te inquieta; es como esperar agazapado a que amanezca detrás
de un muro.
Ese
anhelo no vino de la nada, no fue puesto en ti por casualidad.
Te
atrae hacia adentro en los momentos tranquilos.
Y
entonces te preguntas:
¿y
si la vida me está invitando a bailar?
Cuando
tu mundo se oscurezca, no maldigas la mortecina luz.
Mira
de nuevo, amigo mío.
Aproxímate
y observa más de cerca.
Tú
podrías ser lo que cambie esta noche.
Aprende
a prender fuego a la vida,
encuentra
a quienes te ayuden a arder.
No
estás aquí para mendigar pedazos.
Fuiste
enviado, y este es el momento.
Ese
sueño fue plantado muy hondo en ti,
mucho
antes de que lo sospecharas.
Persíguelo
con fuerza y empieza ya.
Se
hace tarde, hace frío, y el hielo vela los cristales.
Prende
y deja que él te guíe a través de las llamas.
A
veces rechazamos nuestra sanación porque todavía sentimos el dolor como prueba,
como
el último hilo que nos conecta a lo que amamos,
la
última conexión a la que nos aferramos.
Pero
las heridas nunca fueron hogares para quedarse mucho.
Son
solo recordatorios de los lugares por los que hemos pasado.
No
deshonras lo perdido al elegir la vida.
Ponte
de pie y da un paso adelante.
Una
palabra dicha en el momento adecuado puede alzar un rostro,
puede
cambiar una vida entera.
Así
que ten siempre en cuenta las consecuencias de lo que ofreces.
Puedes
cambiarlo todo.
Aprende
a prender fuego a tu vida.
Nunca
vivas el plan de otro.
La
vida es demasiado corta para dar pasos prestados
cuando
tu corazón ya sabe dónde debe pararse.
Si
tu senda se siente solitaria,
si
el precio te parece difícil de pagar,
recuerda
que el fuego da calor
y
también ilumina el camino.
Soy
tuya, y lo digo claro,
porque
no volveré a entregarme al miedo
de
que todo arda y solo queden ascuas
candentes
por donde no pueda caminar.
Si
tránsito, que sea por algo;
y
si caigo, que sea una caída sincera.
Aprende
a prender fuego a nuestra vida,
caliéntala,
porque perteneces a ella.
No
eres un invitado molesto
que
viene a mirar un eclipse desde la terraza,
ni
un mendigo anónimo que arrastra los pies.
Haz
lo que tu corazón te pida,
incluso
cuando lo que pida asuste a tu lógica.
Lo
que fue plantado en tu espíritu
nunca
estuvo destinado a permanecer encerrado.
Ese
sueño fue colocado en ti con intención.
Sigue
adelante.
Y
aprende a recorrer el camino
sobre
las cenizas que dejamos atrás.
No
estás tarde.
No
estás roto.
Estás
en camino.
… para quien lo necesite en su
oscuridad.
Laura Mir

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