Estoy
en esas horas inciertas, oscuras, en las que no sabes si las saetas van hacia
el amanecer o hacia el ocaso y declive definitivo de la raza humana. Me
pregunto si una mayoría de corazón negro puede acabar con la minoría de corazón
blanco, mientras recuerdo las cuestiones expuestas sobre ese fondo viscoso y
glutinoso que nos alberga.
Tiemblo.
Tiemblo al pensar en nuestra fragilidad.
Y
me sumerjo en una búsqueda para dar una respuesta. En esa búsqueda colisiono
con el físico James Gates Jr. y su descubrimiento de los códigos de corrección
de errores entre las franjas vibracionales de las cuerdas, y con su retorcida
teoría.
¿Y
si nada de lo que vemos, olemos, tocamos y saboreamos fuese real?
A
bastante distancia está lo que oímos; puede que sea lo único verdadero que nos
llega, lo que nos ayudaría a discernir entre la perversidad y la bondad. Como
si nuestra codificación se hubiese rectificado en una dirección más tenebrosa
durante la adquisición de los sentidos. Tiene que existir una brecha en alguna
parte de este vasto entramado.
Esa
certeza de que algunos —muy pocos, poquísimos en verdad— hemos sido
desprogramados toma una magnitud considerable, a diferencia de los que siguen
con la codificación en la materia, sin brizna amorosa en su interior.
Luego
hay otros que, desprogramados a medias (algo falló en el proceso), se enredan
en obsesiones con más consciencia, pero aún insuficiente para brincar de la
simulación.
¿Cómo
gritarles que no es el cinco por ciento, sino el uno, si son sordos?
Pierdo
la esperanza y siento algo parecido al miedo. Al miedo de perderlos; al miedo
de perderte de forma irremediable para siempre.
Por
favor, respira y pregúntate si estás totalmente desprogramado o en las
antípodas. Y por favor, deja de cuestionarte y cuestionarme si todos disponemos
de un alma, porque, aun con un alma vibrante en nuestro interior, muchos
estamos completamente huecos.
Laura Mir

No sé muy bien qué acabo de leer pero me ha dejado incómoda. Esa idea de vivir dentro de una realidad que quizá no entendemos... y lo de los desprogramados y los que siguen atrapados en la materia, es perturbador. Ese "¿y si...?" del principio te acompaña hasta el final. Me ha gustado porque no da respuestas.
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